CARINA LA DEBLA


Baile flamenco



 

Carina La Debla y su cuadro flamenco han creado un espacio nuevo para los aires flamencos en un espectáculo/collage que se abre a la imaginación. 

 

La música del excelente guitarrista y compositor Eduardo Trassierra, es una música absolutamente libre de prejuicios, llena de amor por el flamenco y riquísima en su gama expresiva. Sobre esta música la bailaora se crece, se ríe, se rompe y recompone hasta difuminarse y soltarse. Lo femenino se sirve de su opuesto para subrayarse. La bailaora, envuelta por los sonidos de la guitarra, obliga al músico a desmontar sus frases y a abrir huecos hasta reinventar sus sones.

 

Carina La Debla dibuja unos bailes a modo de historias que solamente pueden contarse con un cuerpo bien moldeable, con un baile al servicio de la expresión. Evolucionando en su plástica, se sirve de la estética clásica y otra más contemporánea para crear un lenguaje personal arropado por la tradición flamenca y una elegancia innegable.

 

Cante y percusión constituyen los referentes y agarres en tierra para un vuelo alto y virtuoso de música y baile, regodeándose en lo sublime tanto como en lo jondo



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LAS DECLINACIONES FLAMENCAS DE LA DEBLA


ROSALÍA GÓMEZ / Diario de Sevilla


Ciclo 'Cita con las músicas' de Cajasol. Baile: Carina La Debla. Guitarra: Eduardo Trassierra.Cante: Quisco de Alcalá. Percusión: Andrej Vujicic. Lugar: Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Fecha: Jueves 25 de abril. Aforo: Casi lleno. 


El pasado jueves, el ciclo Cita con las músicas nos dio la oportunidad de ver un estupendo recital de una bailarina, Carina La Debla, que lleva años profundizando en la danza flamenca y forjándose un estilo que ha empezado a dar hermosos frutos de madurez. 

De nacionalidad alemana, aunque radicada desde hace tiempo en Sevilla, donde ha estudiado con muchos de sus maestros y maestras, Carina se acerca al flamenco con pasión y con un enorme respeto. Ella es consciente de que su baile no puede ser racial ni espontáneo; por eso se lo lleva a su estudio y disfruta encarnándolo en su cuerpo musculoso, ya disciplinado por la danza clásica y la contemporánea. Con una gran sinceridad y un enorme gusto, afronta los distintos ritmos con todos sus ingredientes: bonitas escobillas, juegos de caderas y de brazos, un precioso vestuario... e incluso, en la farruca, capote en mano, se atreve con una escena taurina típica de las bailaoras desde el siglo XIX. Pero junto a todo esto, La Debla se permite usar su libertad de artista del siglo XXI y una gran imaginación. Así incorpora sorpresas momentáneas, como un arabesco o una voltereta -aun sin romper nunca ni el decoro de la danza ni la gran elegancia que la caracteriza- o incluso frases coreográficas propias, surgidas a partir de cosas cotidianas, como el cansancio, o de otras culturas, como el guiño a las danzas húngaras de la deliciosa mariana final. 

Y todo ello con la complicidad de Eduardo Trassierra, joven y premiadísimo guitarrista que puso música a sus fantasías, amén de brillar en solitario -sobre todo con sus preciosas bulerías- y apoyada siempre por la voz de Quisco de Alcalá y la percusión de Andrej Vujicic. Un espectáculo que el público, de pie, agradeció con fervorosos aplausos.

 

 

 

NO HAY REGLAS PARA DIOSAS


OLIVER FARKE / Revista Anda


Carina La Debla es una bailaora que es capaz de dejar a un crítico sin palabras. De allí que agradezco que Nicola Hülskamp hiciera una reseña tan elegante sobre la actuación (artículo sin traducir). Estuve presente durante la misma representación, inquieta, cambiando constantemente de postura sobre mi silla. Aún sigo luchando por encontrar palabras y compostura.

Una sorpresa le seguía a la otra. Desde el primer momento se supo: será una noche intensa. En lugar de música se percibían sonidos, respiración, agua... Concentradísima y seria presentó Carina el baile que se refleja en su nombre. Una debla como homenaje a las fuerzas de la naturaleza. "Debla" en caló, el idioma de los gitanos, significa "diosa". Y para diosas no hay reglas. Carina La Debla conoce las reglas del flamenco, todas. Ya lleva 16 años en Andalucía, vive el flamenco. Tiene absorbida su técnica, estudió su historia, sabe lo que sí y lo que no se debe hacer. Y luego sin embargo lo hace: lo prohibido. Con enorme placer derrumba las murallas de las reglas. Y aún peor: Carina abusa del flamenco para realizarse a sí misma. Utiliza gestos que provienen de la tradición flamenca, sino de donde sea, de la India, de Hungría, de Múnich o de Nueva York - será que en realidad del fondo de su corazón. Con su sonrisa sincera y encantadora se gana el público. Carina es toda ella misma. En medio de tantas máscaras que a menudo parecen dominar el flamenco tradicional, tener personalidad casi roza la provocación. Hay muchas personalidades en el flamenco, pero solo unos pocos se pueden permitir salirse de los cánones. Divino cuando Carina osa lo impertinente. Ya sea en coreografías extraordinarias que imprevisiblemente se convierten en collages, o en viajes por el mundo, ya sea por las ideas musicales retorcidas de sus músicos que igual que Carina se divierten con lo loco. O mediante secuencias acrobáticas espectaculares: sobre el escenario, en medio de un baile hace el pino girando sobre las manos como si quisiera dejársele claro a todo el mundo: que ha pasado por todas las alturas y profundidades del flamenco y que lo pone boca abajo y de nuevo sobre sus pies. No es casualidad que su programa se titule "Flamenco por libre". Es una visión tan bella como difícil de traducir: "libremente desde mis entrañas" o "para la libertad sin límites". Carina es una bailaora del futuro. Con sana autoestima se ha apropiado del flamenco. Ya sabe demostrar lo que quiere. Quien quiera ver flamenco tradicional, que acuda a verla. Quién esté listo para una nueva dimensión de este arte español de la danza, será muy bien servido.

 

 


Raider técnico


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